Una verdad incómoda: el bienestar puede convertirse en presión

El bienestar y su “bla, bla, bla”

Durante los últimos años, el bienestar dejó de ser un tema íntimo para convertirse en una industria, en una narrativa aspiracional y en una forma de identidad.

Basta observar cómo se representa: cuerpos disciplinados, rutinas consistentes, mañanas ordenadas, hábitos que prometen claridad mental, equilibrio emocional y una vida mejor gestionada. Desde Atomic Habits de James Clear hasta la proliferación de contenidos sobre productividad consciente , el mensaje se repite con distintas formas: si haces lo correcto, tu vida mejora.

No es una idea falsa.
El problema aparece en lo que se deriva de ella y la presión que ejerce. 

Cuando el bienestar deja de ser el objetivo

Elegí este camino desde un lugar honesto.

Estudié, practiqué, enseñé, construí espacios. No desde la fantasía de una vida perfecta, sino desde la intención de comprender mejor lo que implica sostener la vida cotidiana: el cuerpo, las emociones, el trabajo, los vínculos.

Con el tiempo, algo cambió.

No bastaba con practicar.
No bastaba con aprender.
No bastaba con acompañar procesos.

Se instaló la presión de que todo eso debía notarse en mi discurso incluso  cuando no estaba trabajando, cuando con mis amiga nombraba temas como no estar de acuerdo en frase de gurú que hay que cumplir y creer por siempre, 24/7. 

Como si el conocimiento tuviera que traducirse en una forma constante de estabilidad.
Como si hubiera una manera correcta de estar en el mundo y ese fuera el objetivo. ¡Qué pesadez!. 

La exigencia silenciosa ( y pesada)  del bienestar

En la cultura contemporánea, el bienestar se ha entrelazado con la idea de optimización personal.

La psicóloga Brené Brown ha señalado cómo la cultura del rendimiento se infiltra incluso en espacios que, en teoría, buscan lo contrario: la conexión, la vulnerabilidad, la autenticidad. Esto quiere decir que nos contradecimos, ser vulnerables es aceptar que duele, desequilibra y está bien. 

Por su parte, Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio describe a un sujeto que ya no necesita ser controlado desde afuera, porque se exige a sí mismo de forma constante.

El bienestar, dentro de este contexto, se convierte en otra forma de exigencia.

La versión mexicana: cuando “todo está bien” se vuelve obligatorio

En México, esta presión no siempre aparece como disciplina o rendimiento. 

Muchas veces se expresa en frases cotidianas:

“échale ganas”
“todo sucede por algo”
“de todo se aprende”
“no es para tanto”

Parecen acompañar.

Pero también pueden desvalidan. 

Reinterpretan de inmediato lo que sucede y desplazan la experiencia hacia lo que debería pensarse sobre ella.

Cuando la experiencia no encaja en la narrativa

En la práctica cotidiana, esto se vuelve evidente.

Personas que meditan todos los días y, aun así, se sienten desbordadas.
Profesionales del bienestar que acompañan a otros mientras atraviesan procesos propios que no logran ordenar.
Rutinas que dejan de sostener y empiezan a pesar.

Recuerdo una conversación que me dejó esto claro.

Al hablar sobre una experiencia personal relacionada con el abandono de mi madre, alguien zen y experto en bienestar describió ese proceso como “deli” por lo que implicaría aprender de ello. 

¿En serio?, ¿Cómo puede una persona atreverse a decirle a otra que es deli lo que aparecerá después de haber sido abandonada por su madre?

El problema de querer encontrar sentido en todo

La cultura popular ha reforzado esta idea durante años.

Narrativas donde cada crisis se presenta como una oportunidad, donde todo proceso encuentra un sentido claro, donde el dolor se reorganiza hasta volverse comprensible.

Es una narrativa valiosa.

Pero también establece un modelo: todo puede ordenarse, todo puede entenderse, todo puede cerrar.

La vida no siempre funciona así. 

Me quedo con la idea que aporta la tanatología en este sentido: la muerte de un hijo (por poner un ejemplo) jamás tendrá sentido para la madre que lo perdió. Sin embargo, esa mujer sí puede encontrarle sentido a su vida al elegir qué hacer con lo que vivió. 

Suena a lo mismo, pero NO, en este enfoque nadie te dice que ser será Deli lo que aprenderás. 

Lo que no se resuelve también forma parte de la vida

No todo lo que ocurre encuentra significado en el momento en que se vive.
No todo proceso se transforma en algo valioso dentro de un marco comprensible.
No toda experiencia difícil se convierte en crecimiento evidente.

Hay situaciones que permanecen abiertas.
Hay experiencias que no se reorganizan.

Hay heridas que siempre dolerán y está bien.
Hay partes de la vida que no se traducen en aprendizaje claro.

Recuperar el sentido del bienestar

Integrar el bienestar en la vida requiere una comprensión distinta.

No como una serie de prácticas que garantizan resultados.
No como una forma de control sobre lo que ocurre.
No como un estado que se alcanza.

Sino como una herramienta que puede estar presente incluso cuando no se resuelve lo vivido. Sería menos pesado nuestro andar si dejamos de luchar incluso con el peso de estar siempre bien.

Aceptar que hay días en los que no se quiere practicar.
Aceptar que hay emociones que no se acomodan.
Aceptar que hay experiencias que no se transformarán en algo disfrutable.

Cuando el bienestar deja de ser medida

El bienestar pierde su sentido cuando se convierte en un parámetro.

Cuando deja de ser un recurso y pasa a ser una medida de valor personal.
Cuando se utiliza para juzgar si alguien está bien, si está avanzado, si está en equilibrio.

Recupera su lugar cuando deja de cumplir esa función.

Cuando puede coexistir con el desorden.
Con la incomodidad.
Con la contradicción.

Una forma distinta de sostener la vida

El bienestar no tendría que convertirse en una expectativa constante.

No tendría que exigirte una versión estable de ti.

Cuando deja de ocupar ese lugar, cambia su función.

Deja de ser algo que se demuestra.
Deja de ser algo que se sostiene todo el tiempo.

Y empieza a ser algo más simple y más útil:

una forma de acompañar lo que sí está ocurriendo.

Me gusta decir que amo la imperfección de los seres humanos porque me reconozco imperfecta, así que sí, sí puedo ayudarte a encontrar herramientas que acompañen tu camino hacia bienestar, pero no prometo decirte que sera Deli ni que todo sucede por algo. 

Prometo acompañarte y contarte  si me dejas, que para mi el camino sigue siendo el destino y lo tengo cada día más claro. 

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