Lo que Miranda Priestly nos enseña sobre cuando todo funciona… pero tú ya no estás ahí

Seguramente ya lo notaste, hay un boom en redes. Por todos lados encuentras:

Videos, análisis, escenas que se repiten.
Frases que vuelven a circular como si fueran nuevas.
Un presupuesto enorme detrás de una historia que sigue vigente.

Pero más allá de la moda, del estilo o del entretenimiento, me encanta poder hablar de que Miranda Priestly no tiene conexión consigo misma. ¡Ya lo sé!, ella no existe, pero dice más de lo que crees sobre la realidad de muchas personas. 


Miranda Priestly es la editora en jefe ficticia de la revista Runway.
Un personaje construido desde el poder, la exigencia y el control.

Todo en su vida funciona.

Dirige una de las publicaciones más influyentes.
Su criterio define tendencias.
Su presencia ordena el entorno.

No necesita levantar la voz.
No necesita explicarse.

Una frase basta: “That’s all.”


Desde fuera, no hay mucho que cuestionar.

Pero la historia deja ver algo más.


En la primera película (que es la que ví), Miranda aparece completamente sostenida en su rol.

No hay espacio para la duda.
No hay espacio para lo personal.

Su vida está organizada alrededor de lo que hace.

Y eso, en apariencia, es suficiente.


Pero conforme avanza la historia, algo empieza a notarse.

No de forma evidente.
No como un quiebre dramático.

Más bien como una grieta que ya estaba ahí.


Su matrimonio se rompe.
Su entorno personal se desordena.
Y lo que parecía una vida sólida… empieza a mostrar otra cara.


Ahí es donde el personaje deja de ser solo una figura de poder
y se convierte en algo más cercano.


Porque no se trata de ella.

Se trata de algo que puede pasar en cualquier vida.


Puedes sostener todo.
Puedes cumplir.
Puedes avanzar.

Y aun así, dejar de estar en ti.


El punto no es el nivel de exigencia.
Ni el tipo de trabajo.

Es desde dónde estás viviendo eso.


Miranda no es solo una mujer exigente.

Es una mujer completamente alineada con lo que hace…
pero desconectada de lo que le pasa.


Y ese es el punto que pocas veces queremos reconocer o sabemos distinguir. 


No es necesario llegar a ese nivel de poder para vivir algo parecido.

Pasa en lo cotidiano.

Cuando todo sigue funcionando:
la casa, el trabajo, los hijos, las decisiones…

pero tú ya no sabes bien desde dónde estás sosteniendo todo eso.

No se nota tanto al inicio.

Porque sigues respondiendo.

Pero hay señales:

Tu cuerpo se tensa más de lo habitual.
Tu atención se dispersa.
Tus decisiones se vuelven automáticas.

Y lo que haces empieza a pesar, solo quieres acaba. Ya no estás completamente ahí.

Desde la práctica contemplativa, especialmente en las tradiciones del yoga y el budismo, se ha observado que la desconexión interna no aparece como una ruptura inmediata, sino como una pérdida gradual de atención sobre la propia experiencia (Feuerstein, 2003; Analayo, 2003).

Desde la teoría de la autodeterminación, el bienestar humano no depende solo del logro o la eficacia, sino de la capacidad de sostener decisiones alineadas con la propia experiencia interna (Deci & Ryan, 2000).

Cuando eso no está presente, incluso una vida funcional puede sentirse ajena

La historia de Miranda no es una advertencia exagerada.

Es una representación clara de lo que pasa cuando una vida se sostiene solo desde el hacer.

Vale la pena detenerse.

Para notar.

Porque cuando empiezas a darte cuenta de dónde estás realmente,
tu historia deja de repetirse sola.

Y empieza a convertirse en algo que puedes usar.

Me atrevo a ir más lejos: pienso que la película tuvo tanto éxito porque la gente hoy sabe que Miranda está desconectada y aún así quiere ser ella.

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